Vivimos bajo un mismo cielo aunque divisemos distintos horizontes

CRIMEA – La incertidumbre de su anexión a Rusia

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Faltan 4 días para el referéndum sobre la independencia de Crimea

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Vladimir Putin no quiere Crimea; quiere toda Ucrania. No hablo de anexión sino del mantenimiento de la influencia sobre su vecino país como lo ha venido teniendo hasta el pasado mes de noviembre antes que estallase Euromaidan, en donde las palabras pronunciadas por Mikhail Saakashvili, presidente de Georgia aún resuenan durante su visita a la plaza: “Esperad a que termine las olimpíadas de Sochi y veréis lo que Putin es capaz de hacer. Yo ya lo he vivido en 2008”, refiriéndose a la intervención rusa en Osetia del sur y Abjasia.

En una entrada anterior citaba la conocida máxima arraigada en las mentes del Kremlin:  “Rusia sin Ucrania es un país. Rusia con Ucrania es un imperio”   y su presidente está dispuesto a seguir este razonamiento hasta sus últimas consecuencias.

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Ucrania Dividida

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Rusia ya tiene desde hace mucho tiempo lo que quiere en Crimea: el oblast (provincia) de Sevastopol con su preciada base naval militar de la flota del Mediterráneo y la cercana Balaklava con su ex-base ultra secreta de submarinos soviéticos  ( Ver:  El Objeto 825 GTS ) hoy día convertida en museo pero a la vez con rumores a sus espaldas de volver a reconvertir la ensenada y sus instalaciones y devolverla al servicio de los militares. Estos dos puntos estratégicos gozan de un estatus jurídico especial desde el 29 de octubre de 1948 a la medida de Rusia y al margen de la península. En el resto de Crimea nada hay que compense la definitiva huida de Ucrania hacia Europa en caso de perder Crimea.

Hasta los más fervientes ucranianos de ideología pro-rusa se les atraviesa la idea de que su querido Gran Hermano ruso le robe parte del territorio y esto Putin lo sabe, así que ha optado esta vez por entrar en su vecino país como lo hizo en Osetia del Sur y Abjasia en 2008, con la enorme diferencia que si bien en 2008 irrunpía en territorio amigo cañón en mano como un elefante en una cacharrería, siendo consciente que a Europa todo esto se le antojaba “lejano” para asegurar así la independencia de estos territorios de la “rebelde” Georgia, en Crimea en cambio lo ha hecho de puntillas por la ventana de la cocina, con la incómoda proximidad de la UE, pero sabiendo que el terreno está abonado desde hace años y se presta a la medida de sus intereses. Solo había que esperar pacientemente el mejor momento para usar la ventaja que siempre le ha brindado su población.

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MAPA GEORGIA - Osetia del Sur_Abjasia

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A nadie se le escapa las peripecias que han sufrido los habitantes de Crimea a lo largo de su historia y que ha llevado a su actual composición étnica tan favorable a los interese rusos. ( Ver: Tártaros de Crimea, deportación y retorno ), pero sea cual sea las tragedias previas de sus etnias, el hecho es que hoy día la población rusa domina la península y recibe con los brazos abiertos al vecino ejército de “marca blanca” cuyos uniformes según Putin se compran en cualquier tienda, aunque no nos termina de aclarar cuántos hay que comprar para que te regalen el helicóptero a juego.

Ayer la Duma Estatal dijo apoyar la decisión que tome el parlamento de Crimea, pero terminó sus declaraciones con un rápido y casi inadvertido latiguillo que conviene analizar:

”Respetaremos la decisión del parlamento de Crimea…      … aunque esta decisión pueda aplicarse siempre que no exista un gobierno soberano eficaz que controle el territorio”.

Dicho de otro modo: si en Kiev existiese un gobierno soberano que garantizase el eficaz control del territorio y amparo de sus ciudadanos (a ojos de Rusia) se “respetaría” la decisión del parlamento de Crimea pero ya no sería necesaria la adhesión. Pues bien, esta es la moneda de cambio de Putin. Crimea se queda donde está si el gobierno actual de Unidad Nacional de Kiev se disuelve y se vuelve al estado anterior  al 21 de febrero.

Por otro lado es llamativo que el parlamento de Crimea en su comunicado de independencia haya invocado el modelo de Kosovo cuya independencia de Serbia en 2008, aunque reconocido por la ONU y gran parte de la UE (España, no) sigue sin ser reconocido por Rusia. Toda una paradoja. A esto hay que añadir que países vecinos como Kazakhstán cuya población rusa en el norte de su territorio es muy considerable, recele y desconfíe de los resultados y futuras consecuencias de la actual crisis. Por último, no hay que olvidar que ninguno de los países de la actual CEI, Comunidad de Estados Independientes surgida inmediatamente después del colapso de la URSS y que aglutina a la mayoría de estados ex-soviéticos aprueba en modo alguno el referéndum de Crimea.

Por todo esto creo que realmente el presidente ruso lo que persigue a través de la invasión de primeros de marzo no es la anexión. La península le está sirviendo como cortina de humo de sus verdaderas intenciones, moneda de cambio en las negociaciones y ariete contra Kiev al movilizar en las calles a la población pro-rusa que hasta entonces estaba en sus sofás viendo por televisión los acontecimientos de Euromaidan.

En esta crisis, los principios jurídico y la legalidad internacional han saltado por los aires si cabe más que nunca. Por un lado Europa que mayoritariamente no reconoce la independencia de Kosovo y sí la validez del actual gobierno de Kiev, niega la independencia de Crimea. Ante esto, Rusia que niega la independencia de Kosovo y no reconoce la validez del actual gobierno de Ucrania, apoya la decisión de independencia de Crimea. No puede haber punto de partida más dispar para el diálogo.

El domingo 16 de marzo se hará oficial, ( legítimamente o no, esto por desgracia empieza a ser lo de menos) la intención de la República Autónoma de Crimea de anexionarse a la Federación Rusa. Pero insisto en que aunque todos ya sabemos el resultado del referéndum, no significa en absoluto que la consabida petición de anexión vaya a materializarse.

El no reconocimiento de independencia de Crimea por parte de sus socios de la CEI y los recelos que de paso despierta en ellos la invasión, al hacerles recordar tiempos pasados, la total oposición de la comunidad internacional, las sanciones económicas por aplicar y sobre todo la pérdida definitiva de influencia sobre el resto de Ucrania y su huida hacia Europa son argumentos más que suficientes para creer que las consecuencias que se derivan de la anexión de Crimea a corto y largo plazo no compensa a Rusia en absoluto.

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Nota sobre el acuerdo de transferencia de Crimea en 1954:

Protocolo número 41.  
Reunión del Presidium del Soviet Supremo de la RSFSR.    05 de febrero 1954
Teniendo en cuenta el carácter común de la economía, la proximidad y los lazos económicos y culturales entre la región de Crimea y la SSR de Ucrania…     … El Presidium del Soviet Supremo de la RSFSR decreta que pase la región de Crimea de la RSFSR a la RSS de Ucrania
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Resolución del Presidium del Soviet Supremo de la URSS.    13 de febrero 1954    Kiev
El Presidium del Soviet Supremo de la RSS de Ucrania por su parte, considera que la transferencia de Crimea, a la RSS de Ucrania, dada la similitud de su economía, la proximidad y los lazos económicos y culturales, es apropiado y es un testimonio de la confianza ilimitada del pueblo ruso al pueblo ucraniano …

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