Extracto del artículo de Andrei Kolesnikov asociado sénior y presidente del Programa de Instituciones Políticas y Política Nacional de Rusia en el Centro Carnegie de Moscú. Actualizado: 23 de marzo de 2022

No es Ucrania la que necesita una «desnazificación» ficticia, es Rusia la que necesita una desestalinización real.

El sistema de Putin no se puede mejorar, reformar, modernizar o simplemente normalizar. Conduce a la destrucción de Rusia. Si hay un sistema antirruso, es el putinismo. Si hay un símbolo del antipatriotismo, el olvido y la perversión de los cimientos básicos de la nación, esa es la élite de Putin.

Nadie sabe mejor que los propios rusos que un autócrata acorralado se vuelve aún más peligroso para el mundo pero sobre todo para los ciudadanos de Rusia. La artillería está golpeando a su propio pueblo, no solo desde fuera de las fronteras de Rusia hacia el oeste, sino también desde el interior del país.

Putin en el estadio Luzhniki -18 marzo 2022

Putin ha matado la justicia histórica de la nación que se basó en la memoria sagrada de la victoria de 1945 en la Gran Guerra Patria. El gobierno de Putin mantuvo este recuerdo como un escudo histórico. Pero después de disparar contra Kiev y Jarkiv, perdió ese escudo moral. Explotar esa victoria se antoja especialmente cínico.

El putinismo ha perdido su fundamento histórico y su autodeterminación histórica. Ha triturado y reducido la memoria de la Gran Guerra a paradigmas ficticios y amenazas a la odiosa «desnazificación y desmilitarización de Ucrania». 

El putinismo es el asombroso ejemplo histórico de un régimen político que se deshace de parte de la base de su propia legitimidad histórica.

No es Ucrania la que necesita una «desnazificación» ficticia, es Rusia la que necesita una desestalinización real. No se trabajó para superar el pasado difícil para que ahora este pasado está destruyendo la nación, su sentido de sí misma y su autoidentificación. Lo que queda es la actitud defensiva, como si la nación estuviera sitiada en una fortaleza y sufriera el síndrome de Estocolmo, vinculándose con el carcelero.

Cuando un país que reclama un papel protagónico como imperio, aunque sea imaginario, se bombardea a sí mismo y hasta el imperio imaginario desaparece. Un verdadero imperio debe tener poder blando, no poder duro. Los ataques en Kiev fueron la destrucción final del derecho a la autolegitimidad a expensas de la memoria de la Gran Guerra Patriótica. El régimen nunca tuvo derecho a hacer esto. 

Los aliados de Rusia son ahora el Ejército y la Marina, Eritrea y Corea del Norte. En el suicidio político y económico del régimen de Putin, ha rebajado a Rusia al mismo nivel que Corea del Norte, y todo esto se ha hecho con el consentimiento tácito y cobarde de las élites.

Una gran potencia que se convirtió en miembro de comunidades y organizaciones internacionales; un país que se había abierto camino hacia una economía de mercado y una constitución democrática, fue reducido a ser un saboteador global y luego una amenaza para el mundo entero.

Putin quería hablar con los líderes mundiales como iguales y como resultado nadie habla con él. Fue condenado en la Asamblea General de la ONU por 141 naciones, e incluso el hermano mayor China puede estar mirando a su vecino con cierta aprensión.

Artículo completo en The Moscow Times