Vivimos bajo un mismo cielo aunque divisemos distintos horizontes

TRANSCARPATIA. Un viaje al centro geográfico de Europa.

Un extenso relato de cuatro días de anécdotas

Como el artículo es muy extenso, puedes ir directamente al apartado:

 

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EL CENTRO GEOGRÁFICO DE EUROPA

Así como el centro de la Tierra está claro que solo hay uno, no parece estar tan claro con el que concierne a Europa. De entrada es bien distinto referirse a la Europa política, comunitaria o geográfica. Si bien la primera varía con el paso de la historia y las anexiones o pérdidas de territorios por algunos países limítrofes, no debiera suceder lo mismo con la Europa Geográfica, en la que las únicas variaciones son las producidas por el milimétrico movimiento de las placas continentales en una escala temporal desechable para nuestro fugaz paso por este mundo. Otras variaciones posibles surgen al contemplar o no territorios como Groenlandia o Islandia como geográficamente europeos, si bien la exclusión geográfica de Groenlandia es aceptada casi por unanimidad, así como los territorios disputados en las aguas del mar Caspio. Por otro lado hay que recordar que si el mar es el que limita en gran parte el perímetro geográfico europeo, -islas aparte- el límite oriental viene definido por los montes Urales lo que hace que una parte de Rusia se considere geográficamente Europa y su territorio restante entre a formar parte de Asia.

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La Europa geográfica llega hasta los Urales
Lo que pertenece o no a la Europa geográfica no está tan claro

 


Antecedentes          

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Entre los posibles centros geográficos, el cálculo más antiguo fue el realizado en 1755 por el astrólogo polaco Simon Sobekraysky y su rey Estanislao Poniatowski, amante de la cartografía, llegando a la conclusión de que su ubicación se encontraba en la plaza del mercado de la ciudad Suhovolja en el borde oeste del Gran Ducado de Lituania, aunque el primer estudio fiable fue realizado en 1887 por un equipo de  científicos de Viena y geógrafos y topógrafos austro-húngaros del Real Instituto Geográfico Militar durante la construcción de la complicada línea férrea  -Rakhiv-Sziget- dando como resultado la aparición de un pequeño obelisco en los bosques de la actual Ucrania, en la región de Transcarpatia (Zakarpatia) muy cerca de la aldea de Dilove, próxima a Rakhiv, a orillas del pequeño río Titsa y a escasos kilómetros de la frontera Rumana.

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Obelisco austro-húngaro de 1887    ©alsurdeunhorizonte.com

La metodología usada para el cálculo del estudio austro-húngaro tenía como base una escala de meridianos y paralelos empleando los puntos extremos de latitud y longitud del continente. Según la inscripción de la base, el obelisco es es el punto medio geográfico de las latitudes y longitudes extremas de Europa, aunque los límites del perímetro de Europa tenidos en cuenta durante los cálculos se desconocen.

©alsurdeunhorizonte.com

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Otros cálculos más modernos como el realizado en 1989 por el Instituto Geográfico de Francia mediante el procedimiento de Centro de Masas dan un resultado un punto a unos 25 Km al norte de Vilnius, capital de Lituania. Pero si tenemos en cuenta que por ejemplo, las Islas Canarias aparecen en los datos de este cálculo solo por pertenecer a España, está claro que se trata de un estudio con base política y no geográfica por lo que a mi juicio carece de sentido. Además, no tengo  claro cómo cualquier isla puede formar parte en este tipo de cálculo donde el resultado del baricentro o centroide  de una figura plana se obtiene por el cruce de líneas rectas que dividen a esta en dos partes de iguales superficies, coincidiendo con el centro de gravedad de la figura si la superficie  es totalmente homogénea.

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Cuelga la figura de un punto y marca con una plomada
Repite la operación cuantas veces quieras. Las líneas siempre se cruzarán en un punto: el Centro de Masa

…cómo incorporar “islas ” externas a esta figura?

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Un boomerang nos ayuda a entender que su Centro de Masa puede no ser el punto buscado

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Bien, mejor que no perderse en discusiones científicas que lo único que hace es restar romanticismo a este punto singular, (aunque paradójicamente su existencia se deba a causas puramente técnicas) y ya que este blog es de corte viajero y no científico, admitamos viajar hasta Rakhiv, si no con el  convencimiento de que sea técnicamente el Centro Geográfico de Europa, sí animados en cuanto a la extraordinaria belleza natural del entorno y así motivarnos por conocer el más bello de los Centros Geográficos de la discutida lista, adentrándonos en el corazón de la Transcarpatia ucraniana y contemplar algunos de los parajes más bellos y singulares del país.

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EL VIAJE

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Un extenso relato de cuatro días de anécdotas

Ruta:  Kiev – Ivano-Frankivsk – Rakhiv – Dilove

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Nuestra ruta comienza a primeras horas de la noche a principios de octubre en Kiev, en el pintoresco y casi de juguete aeropuerto de Zhuliany, hoy día remodelado y modernizado con motivo del Europeo de Fútbol 2012. El vuelo nocturno con destino a Ivano-Frankivsk es en un Antonov AN-24, turbo hélice bimotor del año “catapún” con capacidad para 44 pasajeros y operado por Aerosvit

Este aparato cuyo diseño original soviético se remonta a 1958 empezaba a preocuparme nada más verlo entre las penumbras de los focos, aparcado al final de la pista auxiliar como si de un olvidado monumento a la aviación se tratase. Si por fuera su silueta patilarga con aquellos enclenques y finos trenes de aterrizaje se me antojaba endeble, una vez en su interior la sensación iba in crescendo  con la borrosa visión de una cabina de pasajeros iluminada por una  tenue y mortecina luz que provenía de unas cuantas bombillas mal repartidas por los laterales de la cabina. Recuerdo que la raída alfombra que cubría el pasillo era lo más parecido a una culebra, retorcida y semidespegada del suelo formaba peligrosos dobleces adquiridos por el uso tras innumerables años de servicio y ausencia total de mantenimiento, lo que me llevaba a rezar por que solo fuese este elemento el que estuviese fuera de los controles de rutina.

Una vez en vuelo, por este pasillo a modo de gincana vagaba arriba y abajo una descomunal y sesentona azafata de la época soviética con apariencia más que saludable, rostro orondo y gesto impenetrable; sorteando de memoria y sin mirar las innumerables trampas que acechaban en la ondulante alfombrilla, lo que me llevaba a imaginar cuántos cientos de vuelos hacen falta meterse en el cuerpo para llegar a manejarse con tal seguridad y soltura y ser capaz de no dar un paso en falso mientras con una bandeja iba repartiendo amablemente entre los viajeros la simbólica comida del vuelo consistente en unos cuantos caramelos y un vaso de agua; todo esto en medio de un agudo zumbido que inundaba la cabina proveniente de los motores con lo que estaba claro que la insonorización no fue un punto importante a lo hora de diseñar el avión.

AN-24   © treflyn

Por contra es de agradecer que este modelo de avión tenga las alas en la parte alta del fuselaje lo que permite tener una visión total del paisaje durante el vuelo, aunque esto origine como he dicho la extrema longitud del tren de aterrizaje dando la sensación nada más acomodarte en el asiento y mirar por la ventanilla, estar contemplando un enorme insecto desde su interior.

AN-24   © RIANOVOSTI

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El vuelo en general transcurrió sin mayores incidentes, salvo algunas turbulencias debido a la meteorología inestable, y así, en poco más de una hora estábamos pisando tierra en el aeropuerto de Ivano-Frankivsk a última hora de la noche.

Aunque suelo viajar con bastante información, en este caso no estaba claro la ubicación del hotel que habíamos reservado para esa noche. A esas horas no funcionan los transportes públicos por lo que decidimos preguntar a uno de los taxitas que vagaban por aquella penumbra como almas en pena. Después de un buen rato de discutir con sus compañeros la posible dirección de hotel y hacer una mueca de desagrado por sacarlo de su tertulia nos pusimos en marcha y después de visitar erróneamente dos hoteles en los que además no nos daban norte de lo que estábamos buscando,  nos pusimos de nuevo en marcha mientras yo empezaba ya a dudar de la existencia de aquel hotel. De repente algo raro estaba sucediendo pues me sonaba la zona por la que estábamos en ese momento y poco después reconocí el edificio del aeropuerto. El taxista entró hasta la puerta del edificio, giró y continuó unos 200 metros más adelante parando en la puerta de un segundo edificio sin ningún tipo de cartel o letrero que indicase de qué se trataba. Salió del coche y nos dijo con indiferencia que “habíamos llegado”. Yo no daba crédito a lo que estaba pasando y una vez comprobamos que era nuestro hotel me empezó a hervir la sangre, no tanto por el dudoso despiste del taxista como por la evidente estafa y tomadura de pelo que estábamos sufriendo a esas horas de la madrugada que nos hacía perder el poco tiempo que disponíamos para descansar ya que nuestro plan era levantarnos muy temprano par visitar la ciudad antes de dirigirnos a Rakhiv.

Ahora quedaba claro que las conversaciones en voz baja con sus compañeros giraba en torno a cómo sacar el máximo provecho a un trayecto de apenas 200 metros. Puede que la mueca de desagrado que advertimos en un principio fuese más bien de disconformidad con sus camaradas sobre la viabilidad de aquel plan. Y efectivamente así fue, pues una vez recogido el equipaje del maletero intentó cobrarnos el tour nocturno a base de hacer lo que más acobarda a un turista y es levantar la voz progresivamente mientras gesticulaba con vehemencia.

Yo que aún tenía reciente unos meses antes las teatrales batallas de los taxistas del aeropuerto de Túnez (nunca he visto nada parecido) por conseguir turistas, sobre todo si era un largo trayecto a otra población, (se repetía la situación: solos en mitad de la noche) y acostumbrado al exagerado comportamiento de los vendedores de las medinas de Hammamet, Sousse y Kairohuan, además de vivir casi toda mi vida en la bulliciosa Andalucía, hacía de nuestro conductor un simple aficionado, no afectándome lo más mínimo su estrategia, por lo que me negué con bastante contundencia a entrar en su juego, ayudado además por mi monumental cabreo con aquella situación. La discusión era como para despertar a más de uno del hotel, pero tenía claro que iba a zanjar la cuestión lo más rápido posible antes que se uniesen a la fiesta sus atentos compañeros que  observaban desde lejos.

La historia acabó en cuanto mencionamos a la policía y aunque no teníamos claro de qué parte se hubiesen puesto de haber aparecido por allí, fue suficiente para que nuestro “guía turístico” se resignarse a volver a su tertulia pensando en que la próxima vez tendría más suerte, mientras yo por mi parte seguía cada vez más cabreado por tardar el mismo tiempo entre los dos edificios vecinos que el empleado en volar hasta allí desde Kiev.

De todas formas tengo que aclarar que es la primera y por ahora única ocasión que he tenido problemas de este tipo. Por lo general en Ucrania suelen ser más o menos correctos con el servicio, y digo “correctos” no “amables”, porque no puedes pedirle peras al olmo. Otra cosa es que cuando termina el horario de transporte público se transforman en los dueños de la noche (Esto lo he comprobado muchas veces en Kiev), aunque la cosa no suele pasar de una dura negociación por librarte de una tarifa impuesta nunca mejor dicho “con nocturnidad y alevosía”. Pero de esto a lo sucedido aquella noche hay una gran diferencia. 

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IVANO-FRANKIVSK    (ІВАНО-ФРАНКІВСЬК)

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El aeropuerto se encuentra ubicado al sur, no lejos de la ciudad, por lo que el transporte público es variado y el tiempo de llegada al centro es relativamente corto.

Edificio del aeropuerto desde la entrada del hotel (menos de 200 m.)
©alsurdeunhorizonte.com

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La mayorías de las líneas llegan hasta el Avtovokzal  (central de bus y trenes), situada  al Noreste del Centro y relativamente cerca de él. En mi caso, dejamos el equipaje en la consigna de la estación y nos fuimos andando hasta el Centro (Unos 15 minutos). Esto fue un pequeño error ya que dejamos para la vuelta de la visita al Centro la compra del billete de bus a Rakhiv pensando que no abría problemas con las plazas, cosa que ocurrió ya que a partir de cierta hora de la tarde la frecuencia en la línea se reduce y todo el mundo aprovecha para volver en el último bus directo. Luego nos comentaron que por la noche no viajan, cosa que entendí luego al ver que la carretera era de traca. De todas formas la decisión que tomamos tenía su lógica, ya que no había forma de saber cuánto tiempo era necesario para ver el centro de la ciudad, y un bus demasiado temprano nos forzaba a acelerar la visita, y uno demasiado tarde nos haría perder el tiempo en la ciudad una vez visto lo más importante. Al final la única opción posible fue una marshrutka (especie de minibús) hasta la aldea de Yablunitzia y allí esperar una media hora hasta que pasase el bus con destino a Rakhiv.

La estancia en Ivano-Frankivsk fue corta paro bien aprovechada. Gracias a que nos levantamos muy temprano  y que el minibus elegido para ir hasta Rakhiv no salía hasta las cuatro de la tarde, disponíamos de unas siete horas para ver cómodamente la zona centro de la ciudad.

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IVANO-FRANKIVSK   Del aeropuerto al centro de la ciudad

Usa los controles de Google Maps

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Después de andar unos 15 minutos desde el abtovokzal  (ver ruta verde en el plano de Google Maps) llegamos al Centro situado en la Plaza del Mercado (Ploscha Rinok). Una vez allí, en la esquina suroeste está el kiosko de información turística (rara avis) con suficiente información de la ciudad, encontrando un plano de gran ayuda:



Como puede verse por su representación, es fácil orientarse a simple vista. En el reverso figura una lista con las explicaciones de los 55 puntos a visitar. El problema una vez más es que todo está en ucraniano, (salvo el título del plano traducido al inglés). Alguna información aislada con suerte la encuentras en inglés, pero muy pocas, y naturalmente NADA de NADA si la zona no es turística. Aquí como en tantos sitios de Ucrania el turismo es interno y no se esfuerzan lo más mínimo en intentar captar al forastero, aunque esta tendencia está cambiando últimamente. Digamos que aquí un extranjero “viene”, no “le llaman”. Por otro lado ya he comentado en más de una ocasión lo importante que es saber por lo menos el alfabeto cirílico pues son muchas las palabras y términos que podemos deducir por su parecido fonético, además de memorizar unas cuantas fundamentales. Para esto y sabiendo el alfabeto, sólo queda transliterar. Tampoco digo que dominando el alfabeto esté todo solucionado.

Bien, de los 55 puntos que vienen en el plano os dejo traducidos lo más relevantes para la visita:

  •  8 – Casa de vecindad
  •  9 – Antiguo Banco Hipotecario
  • 16 –Pasaje comercial
  • 22 –  Biblioteca  infantil de la región   
  • 28 – Iglesia Armenia, actual Catedral Pokrovsky
  • 30 – Plaza del Mercado. Ayuntamiento
  • 31 – Catedral de la Santa Resurrección
  • 33 – Iglesia de la Santísima Virgen (actual Museo Regional de Arte Sacro)
  • 45 – Antiguo Seminario greco-católico
  • 47 – Antigua Iglesia católica y monasterio jesuita, actual iglesia ortodoxa de la Santísima Trinidad
  • 53 – Edificio de la Administración Regional (Casa Blanca)

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Una rápida visita

El origen de la ciudad es relativamente moderno. Fue fundada en 1662 por una familia de la nobleza polaca bajo el nombre de Stanislavov perteneció al imperio austro-húngaro hasta su disolución en 1918, pasando a ser parte de la República Popular de Ucrania Occidental (que fue Estado durante un año) y posteriormente de Polonia hasta 1939. Desde este año hasta 1991 perteneció a la República Soviética de Ucrania y finalmente tras el colapso de la URSS, entra a formar parte de la actual Ucrania. El nombre original polaco sobrevive hasta 1962, año del 300 aniversario de su fundación y aprovechando las celebraciones se cambia a su actual nombre en honor al famoso escritor y poeta ucraniano Ivan-Franko. El nombre de la ciudad algo largo y complicado hace que sus habitantes se refieran a ella coloquialmente como “Franuk”.

22 – Biblioteca infantil de la región

Biblioteca infantil de la región  © Vart

 

30 – El centro cultural de la ciudad se encuentra en la Plaza del Mercado (Ploscha Rinok). Durante años fue el centro administrativo, económico y cultural de la ciudad, sin embargo hoy día solo es el centro cultural con una variada oferta de actividades recreativas: exposiciones, concursos, conciertos y festivales.

El edificio que preside la plaza es el ayuntamiento cuya construcción de estilo art-decó se debe al proyecto ganador en concurso celebrado en 1929, finalizándose por completo en 1939. La torre central evoca las existentes en los antiguos edificios que precedieron a este, cuyo uso estaba destinado a la vigilancia de incendios y en el edificio original de 1672 a la vigilancia de las tropas turcas y tártaras durante la guerra turco-polaca. El edificio predecesor del actual era de 1870  y fue dañado gravemente en 1915 por la artillería austríaca durante la I Guerra Mundial. Este a su vez fue el resultado de reemplazar el anterior edificio desaparecido en un incendio en 1868 quedando solo el esqueleto de hierros de la armadura. En todos ellos como digo sobresalía la torre de vigilancia de incendios, recordándome a los vistos en el barrio de Beyazit de Estambul y el museo Chernobyl (comparte edificio con el parque de bomberos) en el barrio de Podil de Kiev.

Ayuntamiento       ©alsurdeunhorizonte.com

En la plaza y cerca de la catedral de la Santa Resurrección (31) se encuentra el kiosco de información turística (como dije: rara avis) donde se pueden comprar periódicos, mapas, calendarios, revistas y diversos materiales sobre la historia local y portales de turismo. También tiene un panel indicativo del mapa esquemático detallado de la ciudad. Por otro lado este año está previsto una completa restauración de edificios y fachadas con motivo del 350 aniversario de la ciudad, aunque en mi visita observé una más que digna conservación de sus edificios.

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31 – Catedral Greco-Católica de la Santa Resurrección

La construcción de la primitiva iglesia a cargo de los de los jesuitas comenzó en 1720 y terminó en 1729 cuando se celebró su primer culto. Los errores técnicos en la cimentación de la iglesia la llevó a su demolición en 1752. El nuevo edificio fue terminado en 1763. El templo se ha restaurado en 1835, 1885, 1995 y 2003. Desde 1849 pertenece a la Iglesia greco- católica ucraniana, estableciendo un bello iconostasio de cinco niveles.

©alsurdeunhorizonte.com

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Catedral Greco-Católica de la Santa Resurrección.    Iconostasio de cinco niveles

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Para saber interpretar el iconostasio de una iglesia ortodoxa

visita esta sección de la página Kiev, la ciudad de las cúpulas doradas

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33 –  La iglesia de la Santísima Vírgen está considerada como una de las más antiguas de Ucrania, remontándose según algunos historiadores al siglo XII, aunque esto no está del todo probado, La documentación disponible sí la hacen ser el templo más antiguo de la urbe. Sus orígenes probados se remontan a 1662 año de la fundación de la ciudad y consistía en una pequeña iglesia católica hecha de madera. Siete años después de su construcción es elevada a la categoría de Colegiata. En 1703 se acaba siendo el actual edificio hecho de ladrillo. Fue sede temporal del Museo Geológico en 1965 y actualmente alberga el Museo Regional de Arte Sacro.

©alsurdeunhorizonte.com     Iglesia de Santa María. Actual museo de Arte

En la acera derecha de la corta calle que sale a la derecha de la iglesia se encuentra el Café Cuba. Se trata de un pequeño local cargado de motivos cubanos y música de la isla. Un buen sitio para tomar un café y algo para reponer fuerzas. Es de agradecer un pequeño paréntesis latino en mitad de la excursión.

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28 –  La Iglesia Armenia de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, hoy día catedral Pokrovsky, perteneciente a la iglesia ortodoxa ucraniana autocéfala desde 1990, tuvo sus antecedentes en una pequeña iglesia de madera construida en 1663 en lo que era el barrio armenio de la ciudad. Perteneciente a la Iglesia Apostólica Armenia, (la más antigua del mundo a nivel nacional) esta pequeña iglesia comenzó a tener un papel relevante tras la donación del icono milagroso de la Virgen de Czestochowa por parte de uno de sus habitantes. Fue tal la cadena de milagros que se atribuyó a esta imagen, que se decidió en 1743 levantar en su lugar el actual templo de piedra y ladrillo. Por falta de fondos, en la financiación estuvieron incluidos paradójicamente los judíos de la ciudad. El icono de la milagrosa Virgen se encuentra desde 1946 en la iglesia de San Pedro y San Pablo en Gdansk.

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Aunque el recorrido turístico lo hicimos casi al completo, la mayoría son edificios de interés arquitectónico, por lo que la visita fue bastante rápida. Además Ivano-Frankivsk no dejaba de ser una escala en nuestro viaje a Rakhiv.

Llegada la hora regresamos a la estación de autobuses (avtovokzal) cerca de la de tren (Vokzal). No se trata de una estación en sí, sino más bien una zona donde se agolpan todo tipo de buses con destino a cualquier lugar de la región.

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Después de recoger el equipaje en la consigna nos dirigimos a nuestro minibús (marshrutka) con destino a Yablunitzia y una vez allí esperar el primer bus que nos llevase hasta Rakhiv.

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IVANO-FRANKIVSK – RAKHIV

Centro Geográfico de Europa y ruta hasta monte Goverla

Usa los controles de Google Maps

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Yablunitsya  (Яблуниця)

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El viaje hasta la aldea de Yablunitsya fue cómodo y hasta cierto punto rápido. Una vez nos bajamos en la parada comprobamos que se trataba de un apeadero en mitad de la nada. Un pequeño edificio con una minúscula tienda de comestibles y un pequeño soportal para resguardarse de la lluvia era el resumen de nuestra escala. La espera estuvo amenizada por los pocos habitantes que pasaban por la tienda. Entre ellos unos curiosos niños entusiasmados con la presencia extranjera.

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Algunas chocolatinas y unas cuantas fotos de ellos que miraban con curiosidad y diversión en la pantalla de la cámara dieron paso a la llegada de una carreta con una familia que llegaba a proveerse con emergencia de bebida. Al principio yo no entendía nada, pues no hacían más que sacar cajas y cajas de bebidas de la tienda, (sobre todo vodka y cerveza) echándolas al carro como si de una cosecha otoñal se tratase. Luego nos explicaron que era para una boda que comenzaba esa misma tarde y que si queríamos estábamos invitados a la celebración. Aunque los dos que nos invitaban tan alegremente estaba claro que la celebración la habían comenzado por su cuenta una horas antes. En medio de tanto jolgorio y efusividad nos presentaron a la novia, vestida de calle con una gabardina roja y luciendo una diadema hecha con pétalos de flores. Yo no entendía bien que siendo la novia fuese vestida así, si como decían la fiesta iba a comenzar en breve, aunque luego pensé que era viernes y recordé que muchas bodas en Ucrania, sobre todo en zonas rurales duran tres días, por lo que intuyo que lo del vestidito blanco tocaba al día siguiente. Nos costó unos cuantos minutos convencerlos de que teníamos planes para seguir hasta Rakhiv y que aunque agradecidos, teníamos que declinar la invitación.

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Es una pena haber perdido la oportunidad de asistir, pero bien, aparte de seguir con nuestros planes, tampoco estaba claro de quién partía la invitación y en qué medida el alcohol hablaba en su nombre. Solo imaginar aparecer por la fiesta y que el resto del personal se preguntase qué hacíamos allí era motivo suficiente para recordar que nuestro paso por el apeadero de bus era por otros motivos y más si la novia que era la única garantía fiable en cuanto a invitación se refiere no gesticuló la boca en todo el tiempo salvo para esbozar una tímida sonrisa en las fotos que le hice.

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Anchoas y mecedoras

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Una vez vimos marchar al carromato de intendencia con toda la artillería pesada a cuestas, volvimos a la rutina de ver pasar buses y marshrutkas sin detenerse. Al fin y después de casi hora y media desde nuestra llegada apareció el ansiado bus que nos debería llevar a Rakhiv.

Y digo “debería”, porque nada más verlo, no estaba claro que “aquello” lograse llegar a su destino. Nunca he estado en la India, pero he visto como muchos las conocidas fotos y videos de sus buses y la gente literalmente saliendo por las ventanas y agolpadas en el tejado. Bien, este bus por supuesto no llegaba a estos extremos, pero si cerramos las ventanas, y bajamos a los indios del techo, el resultado final era lo que en esos momentos tenía delante de mis ojos: una auténtica lata de anchoas sobre ruedas.

Las puertas se abrieron y para colmo solo tres personas bajaron del bus, así que hora tocaba intentar aprovechar el minúsculo espacio liberado. Menos mal que en todo ese tiempo de espera nadie más apareció por el apeadero, por lo que éramos las únicas “piezas” en intentar acoplarse en este Tetris con el bus como pantalla de juego.

Aunque vivo en Andalucía y tenemos fama de exagerar las cosas, no me considero heredero de esta fama, por lo que no soy partidario de adornar relatos estirando la realidad. Esta aclaración viene a cuento de lo que describo a continuación.

Una vez acoplados, por no decir ensamblados con el resto de los pasajeros y después de tres intentos fallidos de que se cerrasen las puertas del bus, nos pusimos en marcha. Lo primero fue buscar a tientas con mi pie derecho el suelo del bus entre un bosque de zapatos para intentar aterrizarlo lo más cerca posible del izquierdo. Después de varios intentos de aproximación mi pie logró tomar tierra en una pista cercana. A partir de ahí pasé a abordar el siguiente problema: intentar de alguna forma llegar al bolsillo para sacar el dinero con el que pagar el pasaje, cosa que no sucedió hasta tres paradas después en la que por unos momentos tras la bajada de dos pasajeros y una vez fuera del bus, (era la única forma de que los pasajeros consiguiesen llegar a las puertas) lograse rápidamente sacar el dinero mientras me apresuraba a volver a subir antes de que lo hiciesen los que esperaban su turno de subida en aquella parada, lo que me llevaba de nuevo al procedimiento de buscar el suelo del autobús.

©alsurdeunhorizonte.com

Yablunitsya

Esta operación se repitió a lo largo del trayecto seis o siete veces, con mejores o peores resultados dependiendo del número de los que bajaban o subían. En una de las últimas paradas antes del puerto de montaña entre Yablunitsya y Yasinya la situación pasó a ser rocambolesca. En esta ocasión el intento de entrar en el bus fue desproporcionado con los que salieron. La situación llegó a tal punto que si hasta ese momento una de mis manos estaba ocupada en sostener la mochila por el asa (ni que decir tiene que no había sitio en el suelo para dejarla), a partir de aquella parada estuvo aprisionada a media altura entre mis rodillas y cualquier objeto o persona de alrededor, dando un descanso a mi entumecida mano durante bastantes kilómetros. Para colmo, después de aquella parada empezaba el descenso del puerto de montaña. Aquí las molestias de espacio empezaron a quedar en segundo plano dando paso a una creciente preocupación al ver como el autobús pasaba de la prueba de motor en lo que había sido una prolongada subida al test de frenos y amortiguadores que se avecinaba tras comenzar la bajada.

Ya en las primeras curvas noté que los amortiguadores iban a ser mi centro de atención dejando los frenos en manos del destino a pesar del tufillo característico que empezaba a colarse en el interior de la cabina proveniente de las zapatas al irse calentando por el excesivo rozamiento con los discos frenada tras frenada. El movimiento del autobús empezaba a ser lo más parecido a un barco en mitad de una tormenta con oleaje de través. Es difícil explicar la sensación de inclinación tan extrema que llegábamos a tener a uno y otro lado, curva tras curva*, agravado por el hecho de ir en todo momento cuesta abajo. Aquel artefacto parecía no tener límite lateral y el único consuelo que me quedaba era ver las caras relajadas de los pasajeros, la impasibilidad del conductor y pensar que en el peor de los casos y ante un posible vuelco, contaba con la relativa y macabra seguridad de encontrarme en el centro de un enorme air-bag humano.

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* Un inciso en el relato para imaginar las risas de amigos y conocidos de Kiev o cualquier otro lector de habla rusa al leer: curva tras curva, ya que fonéticamente “curva” en español, suena literalmente como “puta” en ruso.

Ya que estamos, …tampoco es buena idea hablando español emplear la palabra o el tiempo verbal “traje” y aun menos decir que te llamas “Juan”. Todo suena fonéticamete a… bueno, puedes imaginar. Así que los que se llaman Juan, que vayan buscando un apodo.

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Los kilómetros iban pasando y nuestra lata de anchoas ahora convertida además en mecedora de la abuela fue cumpliendo con sus paradas, casi todas en el arcén de la calzada en medio de la nada, en la que unas veces sí y otras no, subía gente dependiendo de las prisas y el valor que tuvieran por coger nuestro bus o esperar al siguiente.

Al caer la noche llegamos a Rakhiv, y ya como acto final del trayecto al entrar en el terraplén sin asfaltar de la zona de aparcamientos y aun en marcha, el conductor abrió las puertas con algo de antelación. Un instante después la rueda delantera derecha desapareció en un pequeño socavón en el terreno, así que entre la pérdida de altura sumado a la amortiguación de chicle hizo que la parte baja de la puerta abierta se clavase en la tierra y con el avance del bus se doblase la barra inferior que la une al interior. Mi última visión de aquel autobús fue mientras nos alejábamos por el descampado en busca de nuestro hotel; el conductor accionado el mando de apertura y cierre de las puertas para ver si por arte de birli-birloque la maltrecha puerta delantera volvía en alguno de los intentos a encajar de nuevo en su sitio. Recuerdo pensar por un momento que aquellos intentos eran una pérdida de tiempo, pero una vez volví la cabeza y mientras me alejaba comencé a intuir que después de todo lo visto y vivido en las últimas dos horas… no era de extrañar que acabara consiguiéndolo.

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Hotel  Europa

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A no más de cinco minutos a pie de la estación de bus se encontraba nuestro hotel. Bien, tengo que aclarar que dada la extensión de Rakhiv nada está a más de diez y eso que el diseño del pueblo es alargado en torno a la carretera que lo cruza, por lo que atravesarlo a lo ancho te quedas sin pueblo antes de que quieras darte cuenta, eso sí a través de los pocos puentes que salvan el río Titsa.

El hotel Europa fue construido en 1933 cuando Rakhiv pertenecía a la República Checoslovaca llamándose originalmente “Casa Turística. En 1939 tras pasar a formar parte de la República de Hungría cambia su nombre a hotel Budapest. En 1944 y hasta 1990 pasa a formar parte de territorio soviético cambiando de nuevo su nombre al hotel Titsa o (Tyssa) en referencia al río que pasa por Rakhiv. Por último y tras una profunda remodelación en 2004 pasa a llamarse hotel Europa. Como digo a pesar de la reforma, la atmósfera soviética sigue flotando en el ambiente y hay cosas que siguen recordando a una época pasada, como el ancho de los pasillos de las habitaciones que invita a un partidillo de futbol-sala o ya en lo personal el excesivo celo y control sobre los clientes, en particular a la hora de dirigirse al buffet del restaurante. Como esto suele ser un factor común a casi todos los hoteles de tipo medio de este país no se trata de una valoración negativa, por lo que lo recomiendo por la buena relación calidad-precio.

RAKHIV. Cronología en imágenes del hotel Europa

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El hotel Europa tiene de europeo, …eso, el nombre. Ahí empieza y acaba toda posible relación con lo que conocemos en la C.E. Aunque recuerdo que este viaje habla de la Europa geográfica, por lo que el nombre de este hotel cobra todo su sentido y su máxima dimensión. Además tengo que decir que me agradan y atraen los hoteles de estilo soviético. Grandes, espaciosos, espartanos en la decoración y siempre con un sabor de fondo que ni las mayores de las reformas puede hacer desaparecer del todo. Recuerdo que la atracción estelar del hotel de Sevastopol era sus tres ascensores de enormes botones cuadrados que al pulsarlos con dos dedos (con uno no había fuerza para que aquellos pulsadores se hundieran en la chapa) y una vez puesto en marcha, toda suerte de ruedas y engranajes entraban en funcionamiento provocando un variado abanico de lamentos y gemidos hasta que al cerrarse la puerta corredera, dos bruscas sacudidas indicaban el inicio del viaje. Había apuestas en cuanto a cuál de los ascensores o quiénes o cuándo iban a verse atrapados en alguna de aquellas cajas del tiempo, aunque yo por experiencia contaba con la ventaja de saber que de una u otra forma, falten o no piezas al mecanismo, todo lo soviético se mantiene de una u otra forma funcionando aunque nadie sepa a ciencia cierta cómo, ni por qué.

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 RAKHIV (PAXIB) 

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La ciudad a mayor altitud de Ucrania tiene sus orígenes en asentamientos que se remontan al año 910, aunque la fundación oficial data de 1447. En 1957 adquiere el estatus de ciudad y en la actualidad viven unos 17.000 habitantes. Esta encrucijada geográfica ha sufrido innumerables cambios políticos a lo largo del tiempo y no pocos en el último siglo. Como apuntaba en la breve historia del hotel, Rakhiv a cambiado de manos en el último siglo seis veces. Antes de 1918 perteneció al imperio austro-húngaro. Durante un año, hasta 1919 a la efímera República Occidental de Ucrania. En 1920 pasa a ser parte de la República Checoslovaca y en 1939 pasa a pertenecer a Hungría. Tras la II Guerra Mundial, en 1945 pasa a ser integrante de la República Soviética de Ucrania y tras el colapso de la URSS en 1991 pertenece a la actual Ucrania independiente. La ciudad tuvo una época dorada en la década de 1930 con la industria maderera. La tala, corte y transporte de la madera a través del rio Titsa atrajo habitantes y prosperidad a la ciudad.

RAKHIV. Industria maderera.    © rbdut.com.ua

La iglesia católica rumana de finales del XIX domina con su campanario casi todo el pueblo y muy próxima a ella, la iglesia ortodoxa del Espíritu Santo construida en 1994 formando un curioso conjunto a la entrada de la ciudad por su lado norte.

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Iglesia del Espíritu Santo

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Un olvido de principiante

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Al día siguiente de nuestra llegada nos dispusimos a visitar el Centro Geográfico de Europa. Así que muy temprano estábamos desayunando después de pasar el control de identificación en la puerta del restaurante (algo más o menos común en algunos hoteles), y de que nos pidieran las tarjetas de habitación una vez sentados a la mesa (ya menos común si pasaste el control de la puerta) y al acabar y dirigirnos a las habitaciones acceder a enseñar el número de habitación del llavero que acompaña a la llave.  

 Bien, por un lado puede parecer excesivo y si no estás acostumbrado resulta un tanto incómodo, aunque recuerdo casos más estrictos como en el hotel Izmailovo de Moscú donde había controles añadidos en los accesos a las puertas de los ascensores del vestíbulo y en cada planta de las habitaciones donde dejabas la llave a la vigilante de planta identificándote antes de bajar al vestíbulo, y lo mismo a la vuelta después de haberlo hecho en el control de ascensores. Pero por otro lado, siempre he pensado que nuestros hoteles pecan de excesiva libertad de movimiento ya que cualquiera que se lo proponga entra en cualquier hotel, se dirige a los ascensores del vestíbulo y llega hasta la zona de habitaciones sin el más mínimo control de identificación. Quién te asegura que con el que te cruzas en los pasillos de un hotel es un cliente más?  Y ya no quiero ni pensar la facilidad para entrar con una pequeña maleta cargada de… bueno, prefiero no seguir apuntando posibilidades.  Como siempre, todo esto se revisará el día que suceda alguna tragedia.

 

 Una vez informados de dónde partían los buses hacia las instalaciones del Centro de Europa salimos del hotel y localizamos la parada. Al poco tiempo llegó el bus con destino a la aldea de Dilove que se encuentra pasado unos 2 km, del complejo. El trayecto hasta nuestro destino es de unos 14 km. y en todo el recorrido la carretera ofrece un bello paisaje, sobre todo por el lado izquierdo donde discurre el río Titsa.

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Rakhiv. Río Titsa

Al cabo de quince minutos divisamos lo que parecía ser el complejo que alberga el Centro Geográfico, así que todo parecía ir bien y sin contratiempos… pero no. De eso nada. De repente el bus pierde velocidad y poco a poco se va parando en lo que era un ensanche de la carretera, hasta que se detiene cerca de una caseta con la barrera de seguridad bajada. Ya empezaba a imaginar lo que estaba sucediendo hasta que me lo confirmó el soldado que metralleta en mano salió de la caseta y se dirigió a nuestro autobús con paso decidido. A una orden de éste el conductor abrió la puerta delantera y el soldado subió de un salto al pasillo del bus comenzando a pasear lentamente batiendo la mirada a uno y otro lado escaneando las caras de los que allí estábamos, mientras su querido dedo índice de la mano derecha reposaba peligrosamente cerca del gatillo de su juguetito. Una vez llegado al fondo del bus se giró y antes del paseillo de vuelta empezó a repetir de forma continuada que sacásemos los pasaportes. A mí se me vino más tarde a la memoria la conocida escena del autobús de la película “Cortina rasgada” de Alfred Hitchkock, pero no en ese momento. En ese momento yo estaba demasiado ocupado en buscar mi pasaporte en mi ropa y entre mis cosas. Grave error de principiante. Mi pasaporte que SIEMPRE lo llevo encima en este tipo de viajes, hoy se había tomado el día libre descansando en el hotel.

 

Es lo primero que compruebo antes de salir a la calle, pero estaba claro que la ley de Murphy está para estos casos. Qué día te olvidas el pasaporte?, …pues eso, el día que más falta te hace, cuándo si no? Lo que sucedió a continuación duró unos segundos. Al llegar a nuestra altura me miró fijamente y me pidió de nuevo que mostrara mi documentación. En ese momento tuvo que intervenir Kira para explicarle lo sucedido, a lo que respondió con un seco gesto con el arma apuntando hacia la puerta. Nos levantamos, agarramos las mochilas y bajamos del bus. Al cabo de unos segundos bajó el soldado mientras daba orden al conductor de seguir y a su compañero de la barrera de subirla para dejar el paso libre.

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En el bus, camino del Centro Geográfico

El bus se fue alejando y nos quedamos los tres en medio de aquella explanada, cada uno con su equipaje: nosotros con nuestras mochilas y el soldado con su metralleta. La situación no parecía estar muy compensada así que había que obrar con prudencia. Todo giraba en torno a demostrarle a este celoso guardián de las puertas de Europa que mi intención no era atravesar sin documentación la frontera para llegar al ansiado espacio Shengen.  Así que aunque mi compañera Kira le volvía a explicar en ruso todo lo sucedido, empezando por decirle que era ciudadano europeo, por lo que la frontera con Rumanía me traía al fresco, yo no dejaba de hablar en español para hacerle ver que de eslavo tenía bien poco. Aquí muchas personas confunden el español y el italiano a la hora de oír las primeras frases, pero en este caso lo mismo daba. Cualquiera de las dos opciones valía para que se fuese relajando. Le conseguimos colar una medio trola con que en el hotel me habían aconsejado dejar el pasaporte en recepción por seguridad y que mi error fue no decirles que ese día iba a visitar el Centro Geográfico, mientras que por dentro maldecía a la recepción del hotel por no advertirme de la existencia de un control fronterizo 200 metros antes del Centro, una vez les preguntamos esa mañana por los buses para ir a esta visita. …Sí, sí, está claro que fue un olvido por mi parte, pero de saber con lo que nos íbamos a encontrar hubiese vuelto a comprobar si lo llevaba encima y ahí hubiese acabado el problema, o mejor dicho, nunca hubiese comenzado.

Después de unos minutos explicándonos lo grave que es ir sin documentación y más en zonas fronterizas y todo lo que me podía suceder y blablablá y tacatá y esto y lo otro, se acabaron sus cinco minutos de gloria en los que yo no hacía más que gesticular dándole la razón y un poco de coba para apaciguar los ánimos.

Una vez terminó con su particular mitin empezó con el interrogatorio. A todo esto de vez en cuando pasaban coches en la misma dirección y no les paraba nadie. El compañero había dejado la barrera levantada así que ahora tocaba pasar a todo el que quisiera.  Me armé de paciencia al ver lo arbitrario del asunto y contesté a sus preguntas mientras Kira iba traduciendo. Nombre, apellido, nacionalidad, motivo del viaje, hotel donde me hospedaba, cuánto tiempo iba a estar… blablablá….  Una vez acabó, sacó su walkie y se puso en contacto con alguien. Según Kira por la conversación tenía que ser un superior al que le estaba explicando el caso y de qué forma proceder. Vaya!, esto empezaba a tomar una dirección preocupante. Al final, la tabarra del mitin que nos soltó empezaba a parecerme más real de lo que pensaba.

Dos o tres “da”… “jorosho” más tarde (“sí”…”bien, vale”) cerró su walkie y nos dijo que llamáramos al hotel. Una vez hecho esto se puso al teléfono y preguntó a la recepción si tenían registrado a alguien que respondía a los datos que previamente yo le había facilitado. Una vez confirmado los datos colgó, nos devolvió el teléfono y nos dijo escuetamente que podíamos volver a la ciudad, desviando la mirada hacia el horizonte como si de repente nos hubiésemos vuelto invisibles. A mí me dio por tentar a la suerte y decirle que ya que estaba identificado y todo aclarado, por qué no nos dejaba continuar?, ya que el Centro Geográfico estaba …ahí, …a tiro de piedra. Un corto y seco “Niet” fue lo único que obtuve como respuesta, así que solo quedaba cruzar la carretera y una vez en el otro lado esperar algún bus en sentido contrario que nos llevase de nuevo a Rakhiv. Mientras tanto pensaba en lo paradójico de la situación porque yo, el que había liado todo este follón, era irónicamente el único de los tres que podía entrar en Europa cruzando la frontera rumana cualquier otro día.

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Luego vimos que en el plano que llevábamos figuraban los controles KPP
КПП:  Контрольно-пропускной пункт  –  KPP:  Kontrolno-propusknoy punkt  –  Punto de Control de Admisión
Y efectivamente, aparece nuestro control antes del Centro Geográfico y el puente del ferrocarril
…Qué fácil se ve todo una vez que ha sucedido

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El tiempo pasaba y ningún bus de vuelta asomaba por allí, por lo que solo tocaba esperar viendo como empezábamos a desaprovechar uno de los pocos días de nuestro viaje. De repente todo cambió. Una vez más nuestro soldado hizo su aparición. …A ver ahora de qué se trataba. Comenzábamos a pensar que mejor hubiese sido alejarse andando lejos de la vista de la gente del Control, por si algún arrepentimiento de última hora se les paseaba por el alma. Pero no. Todo lo contrario. Nuestro guardián se plantó en medio de la carretera y paró al primer coche que llegó. Habló unos segundos con el conductor y dirigiéndose a nosotros nos hizo señas de que entráramos en el coche. Todo resuelto por imperativo legal. El conductor muy amable (no le quedaba otra) nos acercó hasta Rakhiv y una vez en el hotel, dos minutos para recoger el pasaporte y a paso de tambor a la parada de bus para ir por segunda vez al Centro Geográfico.

Ahora era el bus el que no aparecía por lo que un poco quemados con el tiempo perdido nos pusimos a hacer auto-stop. Aquí en Ucrania esto funciona a las mil maravillas pues es normal que los particulares vayan recogiendo gente y por un módico precio para amortizar la gasolina, te llevan a tu destino, siempre y cuando esté en su ruta. Por cierto, este gesto de “hacer dedo” para un español no es entendible en Ucrania. El gesto consiste en extender la mano abierta con la palma hacia abajo y el brazo inclinado a 45º del suelo como apuntando hacia la carretera. Esa es la señal que indica que está buscando transporte.

El tercer coche que pasaba se paró y nos montamos dirección al Centro Geográfico. Por el camino le contamos al conductor lo sucedido y una vez llegamos al Control saqué mi pasaporte dispuesto a mostrarlo como si de un trofeo se tratase. Pero, ah…no. La ley de Murphy volvió a hacer acto de presencia y el mismo tipo que antes celosamente me había puesto la cabeza como un bombo largándome toda clase de advertencias, ahora contemplaba con desgana y a lo lejos nuestro coche. Con gesto cansino hizo una señal a su compañero y la barrera se levantó. El conductor arrancó y cruzamos el Control mientras yo miraba sorprendido por el cristal trasero cómo nos alejábamos de aquel tipo, con mi pasaporte en una mano y la cara de tonto después de todo lo sucedido.

Segundos después el coche paró de nuevo. …Claro, solo 200 metros separan el Centro Geográfico del Control militar de Fronteras. Entre el soldadito de hoy y el taxista del aeropuerto del otro día, esto se estaba convirtiendo en el cachondeo de los 200 metros.

Y digo yo… si esto es una atracción turística y sigue estando dentro de Ucrania, por qué no ponen el control 200 metros después y no antes? Si hasta la frontera con Rumanía aun quedan 3 km.? …Aunque supongo que esto es como preguntarse por qué los pilotos kamikazes llevaban casco.

De todas formas ya, por fin…  47° 56’3″ de latitud Norte y 24° 11’30” de longitud Este. Habíamos llegado.

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©alsurdeunhorizonte.com     No suelo aparecer en las imágenes de mis relatos pero 23 años trabajando de topógrafo pesan en un lugar como este

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El Centro Geográfico de Europa

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Como dije al principio del relato, de todos los Centros Geográficos calculados hasta la fecha, este es el que posee el entorno más hermoso con diferencia. En las estribaciones de los Cárpatos, a orillas de una pronunciada curva del río Titsa que discurre firmemente pegado a las faldas de las montañas, aprovechada por el ferrocarril para pasar al otro lado del río a través de un bello puente metálico y en medio de una naturaleza salvaje se encuentra el pequeño obelisco. Una modesta pirámide truncada que ha sobrevivido a dos guerras mundiales y en cuya base puede leerse la inscripción en latín:

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Locus perennis diligentissime cum libella librationis quae est in Austria et Hungaria  confecta cum mensura gradum meridionalium et parallelorum quam Europeum. MDCCCLXXXVII.
Lugar constante precisado con un dispositivo especial fabricado en Austria y Hungría, usando la medida en grados de los meridianos y paralelos de Europa. 1887

 

La sencillez del obelisco hizo que ya en época soviética, en 1977 y para realzar el entorno se diseñase un monolito de acero inoxidable de más de 7 m. de altura, cuya silueta simboliza las cuatro esquinas de la Tierra y en el centro de la figura, la Tierra rotando sobre su eje. En 1986 se organizó el entorno de ambos monumentos con el muro y el acerado que los une y a comienzos del 2000 se instalan paneles explicativos, un pequeño aparcamiento y un restaurante y pequeño museo etnográfico.

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Después de las obligadas fotos para el recuerdo tocaba conocer el entorno de aquel simbólico lugar y después de un divertido pic-nic a orillas del río de rápidas y heladas aguas, y de una breve visita al museo, tomamos la acertada decisión de alcanzar la vía y atravesar el río aprovechando el puente.

2-14 Centro Geografico de Europa

©alsurdeunhorizonte.com       Puente de FFCC. a la frontera rumana sobre el río Titsa

Pero antes de esto, llegó la segunda sorpresa del día. Recibí una llamada a mi móvil. Era Lenka desde Kiev, una amiga de Kira que llamaba para decirnos que Kira había perdido el móvil en el Centro Geográfico y que lo habían dejado en Rakhiv, en el hotel Europa donde nos alojábamos. No entendíamos nada y sonaba a broma, hasta que Kira empezó a buscar su móvil y comprobar que efectivamente no lo llevaba encima y estaba claro que ese día lo llevaba porque con su móvil habló el soldado con el hotel unas horas antes. Al final todo cuadraba. La historia era que una vez perdido el móvil, unos suizos lo encontraron en un camino cerca del monolito. Como buenos suizos se preocuparon por el dueño del móvil y para colmo de la suerte la mujer de este matrimonio era ucraniana por lo que no tuvo dificultad en manejar un teléfono con la pantalla en cirílico.

Localizó el hotel tras marcar la última llamada del registro y la segunda llamada fue a Lenka quien confirmó el nombre de la propietaria y el hotel donde se alojaba. La suerte también quiso que este matrimonio y sus hijos viajaran en esa dirección, y como dicen que toda buena obra tiene buena recompensa ellos se vieron compensados como más tarde nos contaban al conocerlos y darnos el móvil en persona ya que a su vez ellos buscaban hotel donde alojarse y gracias al teléfono perdido habían llegado hasta el hotel Europa, les gustó las habitaciones y el precio, por lo que decidieron quedarse allí unos días.

Después de este segundo contratiempo y pensando qué iba a ser lo siguiente en ocurrir, pues como dicen “ no hay dos sin tres”, nos pusimos en camino. No estaba claro que la línea férrea siguiese en servicio por el estado oxidado de sus raíles y la vegetación en las traviesas, lo que añadía un toque bucólico al paseo por este improvisado camino alejado del ruido de la carretera y cuyo trazado era lo más cómodo en esta accidentada orografía.

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El paisaje cambiante tras cada curva era de lo más espectacular. La ausencia total de viento hacía que los árboles permanecieran mudos y quietos esperando la mejor de las fotografías en medio de aquel silencio absoluto solo quebrado por el canto de los pájaros y el sonido de nuestras pisadas.

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A mitad de camino a ninguna parte divisamos a lo lejos unas figuras que se acercaban andando por la misma vía.  Al poco tiempo se distinguía la comitiva: un joven pastor con su vaca, una oveja y una cabra. La cabra como era de esperar y haciendo honor a su especie, entretenía su paseo con malabarismos de equilibrista sobre uno de los raíles. Aprovechamos para preguntar al chaval a qué distancia estaba la aldea de Dilove y que si era cierto que la vía estaba abandonada.

A lo primero nos contestó que 40 minutos. Después de pedirle que nos lo dijese en distancia, miró hacia atrás por donde había venido, luego hacia delante visualizando lo que le quedaba por andar y después de unos segundos nos miró, se encogió de hombros y nos confesó que no tenía ni idea, …pero que a 40 minutos estaba la aldea. Pensé por un momento a qué mundo tan distinto pertenecíamos. “Nosotros tenemos el reloj, pero ellos tienen el tiempo”.

A lo segundo, no entraba en conclusiones, contestando de manera pragmática que  no sabía si la línea estaba abandonada, pero afirmaba no haberse cruzado ni oído nunca un tren por aquella vía. Le dimos las gracias por la información y esperé contemplando cómo se alejaba aquella pintoresca reunión. Tenía curiosidad por confirmar algo, y efectivamente, hasta que mi vista dejó de distinguirlos, la cabra en ningún momento se bajó de aquel raíl.

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Una reunión pintoresca

Como bien dijo el pastor, alcanzamos la aldea de Dilove una hora después, mientras calculábamos entre risas cuánto había que descontar de nuestras paradas contemplando el paisaje y haciendo fotografías para poder cuadrarlo con los 40 minutos anunciados. La divertida discusión llegó hasta el punto de considerar si el tiempo calculado era para una persona o la media aritmética de la cabra, la oveja y la vaca. Incluso afinando un poco más, discutíamos si la vaca con su parsimonia y lentitud era la que marcaba el tiempo calculado por el pastor..

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Kira explorando las orillas del río Titsa

 

 

2-23 Centro Geografico de Europa

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Río Titsa a 2 Km de la frontera rumana

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Una vez en Dilove y pasear por sus callejuelas nos dirigimos a la carretera general y allí esperamos la marshrutka que nos llevó de vuelta a Rakhiv pasando por el control militar de marras sin detenerse. Estaba claro que el problema era para los que intentaban entrar a Europa y no salir de ella.

TREMBITAS

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El día siguiente lo empleamos en conocer la pequeña ciudad y sus alrededores. El bello parque municipal a media ladera lucía grandes arboledas amarillas y rojas propias del otoño entre las que destacaban las formadas por un tipo de abeto llamados smereka (смерека), muy altos y de troncos rectilíneos con ejemplares que llegan a medir 50 m. muy populares en la región ya que su madera de fibras finas y rectas se usa para fabricar la popular trembita (Трембита), trompeta muy larga y estilizada de hasta 4m. de longitud y sin orificios, usadas en tiempos pasados como toque de llamada en los eventos de los pueblos y avisos en campo abierto, recordando en cierto modo a la trompa alpina aunque esta es de mayor peso y tamaño y se apoya en el suelo.

Trembitas

La elección del material para estas trompetas de los Cárpatos es muy curiosa; se suele utilizar para su elaboración los troncos de los arboles que han sido alcanzados por un rayo, lo que provoca una mayor sonoridad de la madera al cambiar sensiblemente su estructura y propiedades debido a tan descomunal descarga.

Los paseos por los márgenes del este río de aguas rápidas con sus pintorescos puentes colgantes peatonales fue de lo más atractivo.

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  Puente colgante sobre el río Titsa

Una visita a sus dos iglesias y un pequeño barrio residencial de coquetas casas con la inconfundible arquitectura de la región, así como a un pequeño mercado de artesanía y alimentos completó la jornada. En esta época del año oscurece pronto, sobre las cuatro de la tarde; además el tiempo no acompañaba y nos alegramos haber forzado la excursión del día anterior a pesar de los contratiempos ya que fue un día soleado y con una calma total. Es sorprendente la rapidez con la que cambia el clima en estas tierras y más en esta época otoñal. De no estar ni siquiera con un jersey a ir forrado con polar y chaquetón de plumas al día siguiente.

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Parque municipal

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Parque municipal

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La vuelta

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El regreso a Kiev se acercaba y después de una visita a la estación de bus y comprobar los horarios de vuelta, nos decidimos por llamar a Vitali, el conductor que dos días nos había acercado al Centro Geográfico. En el trayecto de aquel día y después de comentarle nuestros planes nos contestó que el día de nuestro regreso él tenía que ir a Ivano Frankivsk, por lo que por el mismo precio del pasaje del bus se ofrecía a llevarnos  y con esto amortizaba la gasolina. Así hicimos ya que aparte de que el horario de bus no terminaba de encajar con nuestro vuelo de vuelta, solo el recuerdo de la ida era motivo más que suficiente para decidirnos a contar con esta segunda opción.

El día de vuelta y después de despedirnos de los suizos apareció puntualmente nuestro conductor. El viaje fue relativamente tranquilo y sin apenas incidencias salvo por un pequeño rodeo en una aldea pues una tromba de agua se había llevado el puente por el que habíamos cruzado tres días antes con el autobús. Y digo ”relativamente”  porque estaba claro que por la velocidad a la que íbamos, Vitali se conocía la ruta de memoria.

En el trayecto paramos tres veces. Una para tomar algo y repostar y las otras dos para recoger a más pasajeros. Cuando pasábamos por las aldeas Vitali aminoraba la velocidad a la altura de las paradas de bus para ver si alguien hacía la consabida señal de autostop. A veces se detenía y a través de la ventanilla del copiloto conversaba brevemente con los posibles pasajeros. En una de las paradas entró un matrimonio que se bajaba tres aldeas después por lo que el precio a pagar fue reducido, pero lo que más me sorprendió y con agrado fue el hecho de parar para recoger a dos ancianas mujeres que estaban al final de una larga cola para subir al bus, así que tras una breves palabras de invitación las ancianas subieron al coche. Una vez en su destino Vitali se negó en todo momento a aceptar el dinero que le ofrecían estas simpáticas abuelitas. En este corto período de media hora las simpáticas babushkas (abuelas) me sometieron a un interrogatorio de tercer grado al enterarse que viajaban con un español.

Una vez en Ivano-Frankivsk nos despedimos de Vitali prometiendo volver algún día por Rakhiv peo esta vez en coche, pues para conocer en profundidad esta zona se hace imprescindible la independencia y rapidez de un vehículo.

Ya en el aeropuerto pensaba si el viaje vuelta sería otra vez en el Antonov que nos trajo, pero no, esta vez se trataba de un Saab 340 más moderno aunque de rara disposición.

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SAAB 340

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Nunca había viajado en un avión cuya cabina de pasajeros tiene dos asientos a un lado y solo uno en el otro. Imagino por lo que vi, que para compensar el peso, solo la fila de un asiento estaba preparada con compartimentos superiores para alojar el equipaje de mano, aunque está claro que no es suficiente. Puede que el equipaje en bodega esté distribuido de forma que termine por equilibrarlo.

SAAB 340. Cabina

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Al final no entendí como lo logran, pero lo que sí me quedó claro es que una vez en Kiev eché de menos  las peripecias en aquel arcaico y ruidoso AN-24.

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FUENTES Y VÍNCULOS DE INTERÉS

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OneDrive, mis imágenes del viaje:
Transcarpatia
Panoramio:
Transcarpatia
Hotel Europa
http://www.hotel-europa.com.ua/
http://www.hotel-europa.com.ua/index_en.htm
Dirección del hotel:
90600 Rakhiv Mira st. 42  Zakarpatiye Ucrania
E-Mail :   admin@hotel-europa.com.ua   
                rakhivtour@mail.ru
Contacto: http://www.hotel-europa.com.ua/guestbook_en.htm

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RAKHIV
http://lugaresquever.com/rakhiv
Imágenes antiguas:
http://www.rbdut.com.ua/photo/stare_misto_rakhiv/20

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CENTRO DE EUROPA
http://es.wikipedia.org/wiki/Centro_geogr%C3%A1fico_de_Europa
http://es.wikipedia.org/wiki/Puntos_extremos_de_Europa

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LLEGADAS A RAKHIV

En tren:

  • De Lviv , con salida a las 15.00 horas, y llegando a Rakhiv doce y cuarto
  • De Ivano-Frankivsk , con salida a las 2.00, y llegando a 7,29
  • De Kolomyja , saliendo y llegando a 08,00 12,24

En autobús:

  • Lviv – Rakhiv , con salida a las 19:25 y llegando a las 02:50
  • Ivano-Frankivsk – Tyachiv , con salida a las 15:45 y llegando 20:00
  • Ivano-Frankivsk – Mukachevo , con salida a las 14:30 y llegando a las 20:00
  • Pidvolochysk – Rakhiv , con salida a las 12:35 y llegando a las 17:25
  • Uzhgorod – Rakhiv , todos los días, a partir de las 5:00, hasta las 20:00

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Licencia Creative Commons
Los artículos creados por el propietario de este blog están bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
basada en la obra de https://alsurdeunhorizonte.com/.
Los textos traducidos o materiales de otros autores deben utilizarse siguiendo la licencia del autor original.

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2 comentarios

  1. Hola Carlos, gran diario de viaje y con unas fotos preciosas. Si alguna vez visito el centro de Europa tomaré esta entrada como guía 🙂

    Me gusta

    27 noviembre, 2012 en 21:02

    • La mejor época es en septiembre-octubre, que es cuando el paisaje se torna de un rojo encendido. Pronto escribiré sobre el monte Goverla, el más alto de Ucrania y a pocos kilómetros del Centro de Europa. Es un viaje que merece la pena si te gusta la naturaleza.

      Me gusta

      3 diciembre, 2012 en 13:53

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